Libres del Temor a la Muerte

By: Dr. John Ankerberg; ©2000
¿Te estás enfrentando a tu propia muerte? ¿Ha recientemente muerto alguien

que conoces? ¿Cómo has de responder a estas situaciones como un cristiano?
¿Da la Biblia directrices a seguir? ¿Da Dios consuelo? El Dr. Ankerberg explica.

 

¿Qué sucede en el momento después de morir? Para mí, este es un tema muy
personal, he visto a tres seres queridos morir en los últimos once meses. En primer
lugar, mi padre; después mi tía; y luego el hijo de mi primo de 13 años. Día tras día, me
senté con ellos a su lado de la cama y vi como los médicos trataron con todos los
avances de la ciencia y la medicina, pero la muerte llegó. Personalmente he pasado
por todas las etapas de duelo. He ido a sus funerales, he visto sus ataúdes, he tocado
sus manos frías y he visto la muerte de cerca. Cuando ves la muerte tan cerca, que tan
feo es y no puedes entender por qué todos tememos a la muerte. Hablé en dos de los
funerales y no pude más que pensar, ¿Dónde están ellos ahora? A medida que sus
amigos y familiares se reunieron para recordarlos, me preguntaba, ¿Cómo se estarán
sintiendo? ¿Qué están experimentando en este momento?

Dios en la Biblia responde a estas preguntas con claridad. En primer lugar, la Biblia
dice que no tenemos que estar contentos con respecto a la muerte. No tenemos que
decir: “Esto es lo que Dios quería.” Más bien, la Biblia dice que la muerte es un
enemigo, tanto de Dios y de nosotros.
El apóstol Pablo escribe: “Pues Cristo debe reinar hasta que haya puesto a todos
sus enemigos debajo de sus pies. Y el último enemigo que será abolido es la
muerte.” (1 Corintios 15:25-26).
Esto es reconfortante para mí. A Dios no le gusta la muerte ni a nosotros. Él la llama un
enemigo. ¿Por qué es la muerte, el enemigo de Dios? Es porque la muerte destruye la
vida, mientras que Dios es el Creador, el autor de la vida. Cuando el hombre escogió el
pecado, rebelarse contra Dios, su pecado trajo la muerte. La Biblia dice en 1 Corintios
15:21, “Porque ya que la muerte entró por un hombre (Adán).” Y Romanos 5:12 dice,
“El pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la
muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron”

Cuando el hombre pecó, la muerte entró en nuestra existencia y se convirtió en el
enemigo que arrebata a un niño antes de que aprenda a jugar bajo el sol. Es el
enemigo que se lleva la vida de un adolescente que acaba de comenzar a disfrutar de
la vida. La muerte es el enemigo que se lleva al recién casado esposo lejos de su
amada esposa justo cuando la vida era más dulce, el enemigo puede robar a los niños
de sus amados padres y dejarlos huérfanos. Pero la Biblia también nos dice que a
través de Cristo, Este enemigo—la muerte—se puede vencer, y estar seguros de que
eventualmente Cristo la erradicará por completo.

Apocalipsis 21:4 dice: “El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte,
ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado.
Cuando miré en el ataúd del hijo de mi primo de 13 años, le dije a su hermano gemelo
Josué que no teníamos que estar felices por la muerte de Joel. La muerte es un
enemigo y parte de la razón que Jesucristo vino al mundo. A todos los que ponen su
confianza en Cristo, la muerte nos puede herir, pero no nos puede vencer. Es decir, la
muerte no nos puede derrotar, pues no dejamos de existir, no es el fin de todo.

Como dice Pablo en 1 Corintios 15:55, “¿DÓNDE ESTÁ, OH MUERTE, TU VICTORIA?
¿DÓNDE, OH SEPULCRO, TU AGUIJÓN? El aguijón de la muerte es el pecado y el poder
del pecado, la ley. “¿Qué significa esto? Ya que hemos pecado, experimentaremos el
aguijón de la muerte. Pero no podrá destruir a los cristianos.
Todos tememos a las avispas y abejas, que pueden volar tan rápido y picarnos. Pero si
le quitas sus aguijones, pueden causarnos temor, pero en realidad son inofensivas. Así
es también Jesucristo y Su promesa de dar a los que creen en Él la vida eterna, la
muerte ahora es como una abeja que se le ha quitado su aguijón. La muerte vendrá a
todos nosotros, pero para el cristiano, la muerte no nos puede conquistar o destruir. Es
en realidad, el momento en que pasamos al otro lado del velo a una vida nueva
maravillosa por toda la eternidad.

La Biblia dice: “Porque la paga del pecado es muerte; mas la dádiva de Dios es
vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).
Además, la muerte no puede separarnos del amor de Dios. El apóstol Pablo escribe en
Romanos 8:38 “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles
ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni
cosa alguna en toda la creación nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo
Jesús Señor nuestro.”

Así que en primer lugar, la Palabra de Dios nos dice, que para los creyentes, la muerte
es un enemigo que ya está parcialmente conquistada, su aguijón ha sido quitado, y
algún día será completamente erradicada por Jesucristo.
En segundo lugar, ¿Qué pasa si somos cristianos y se nos han dicho que tenemos una
enfermedad incurable y en unos pocos días, semanas o meses vamos a experimentar
la muerte? ¿Cómo podemos manejar nuestro temor? La muerte es un desconocido,
algo que no hemos experimentado.
Bueno, cuando nos embarcamos en un viaje, necesitamos un mapa de rutas fiable.
Cuando hacemos la transición de esta vida a la otra, todos necesitamos un mapa de
ruta fiable que nos puede decir con certeza nuestro destino final. Ese mapa de ruta
fiable es la Palabra de Dios, la Biblia.
La única guía confiable no es una persona que haya tenido una experiencia cercana a
la muerte, ese es uno que ha tenido un ataque al corazón y que ha sido reanimado y
vive para contarnos lo que experimentó. No podemos confiar en él. ¿Por qué? Es
porque la Biblia nos dice que Satanás y sus ángeles nos pueden dar experiencias que
nos engañan. La Biblia dice que Satanás se enmascara o se disfraza, “presentándose
a sí mismo como un ángel de luz” (2 Corintios 11:14). Más de 12 millones de
estadounidenses han tenido experiencias cercanas a la muerte, y la mayoría de esas
personas han sido engañados por un ángel de luz que les ha dado una información
falsa (información que contradice lo que Dios dice en la Biblia) acerca del más allá.

No, la única guía confiable que nos puede decir con certeza lo que hay detrás de la
cortina de la muerte es Aquel que en verdad murió, no uno que ha sido reanimado, sino
uno cuyo cuerpo estuvo en el sepulcro, frío, quebrantado y rígido durante tres días,
pero que luego se levantó de entre los muertos. La única persona que ha vencido la
muerte ha sido Jesucristo. Sólo él tiene el derecho, la autoridad para decirnos lo que
viene después de la muerte. ¿Y qué es lo que Él dice?
Cuando Jesús vino a la tumba de Lázaro, Él encontró que Lázaro había estado muerto
por cuatro días. Justo en frente de la tumba de Lázaro Jesús proclamó, “Jesús le dijo:
Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el
que vive y cree en mí, no morirá jamás.” (Juan 11:25-26).

Después de hacer esta declaración de que Él tenía el poder de dar la vida que dura
para siempre, Él proporcionó la prueba que respalda su reclamación. Él en realidad
resucitó a Lázaro de entre los muertos, pero la muerte es inevitable para todos
nosotros. Debemos confiar en alguien para nuestro futuro. ¿Hay alguna razón por la
que no quisieras confiar en Jesucristo?
El apóstol Juan fue tan lejos como para decir: “El que cree en el Hijo de Dios tiene el
testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, ha hecho a Dios mentiroso, porque no
ha creído en el testimonio que Dios ha dado respecto a su Hijo. Y el testimonio es éste:
que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene
la vida, y el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.”(1 Juan 5:10-13).

La Biblia dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16).
Si te estás acercando a la muerte y sientes temor, Dios quiere que confíes en sus
promesas para ti. Tan solo creer en Su Hijo, el Señor Jesucristo, y pedirle que te
perdone tus pecados, para ser el Salvador de tu vida, Dios promete que la muerte será
sólo una transición a la vida eterna en el Cielo con Él. Jesús dijo: “No se turbe vuestro
corazón; creed en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas
moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para
vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré
conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros.” (Juan 14:1-3).

El apóstol Pablo, al acercarse a su propia muerte, pudo escribir: “Porque sabemos que
si la tienda terrenal (refiriéndose al cuerpo) que es nuestra morada, es destruida,
tenemos de Dios un edificio, una casa (Esto es, un cuerpo nuevo) no hecha por
manos, eterna (Esto es, un cuerpo eterno) en los cielos. Pues, en verdad, en esta
morada gemimos, (es decir, según nos volvemos viejos las dolencias y dolores llegan,
luego las enfermedades y sufrimientos) anhelando ser vestidos con nuestra habitación
celestial; (nuestros nuevo cuerpos)” (2 Corintios 5:1-3). De hecho, Pablo pudo decir con
confianza: “pero cobramos ánimo y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y
habitar con el Señor.” (2 Corintios 5:8).

¿Qué quiere decir esto? Cuando morimos, nuestro cuerpo se coloca en la tierra y
nuestro espíritu va a estar con el Señor. Por ejemplo, en la Biblia hay una distinción
clara entre la tumba donde descansa el cuerpo y el Seol donde los espíritus de los
muertos se reúnen. El Antiguo Testamento habla de la otra vida usando la palabra
hebrea Seol, 65 veces en el Antiguo Testamento. Seol se refiere al reino de los
espíritus difuntos. En la descripción de esta región, parece que no todas las personas
tienen la misma experiencia en ese lugar, Para algunas personas, es una región de
penumbra, pero para otros es un lugar donde moran con Dios.

En el Nuevo Testamento la palabra griega para el Seol es la palabra Hades. Al igual
que el Seol, la palabra Hades nunca se utiliza para referirse a la tumba, pero siempre
se refiere al mundo de los espíritus que han partido. Antes de la muerte y resurrección
de Jesús, Él describió el Seol, o Hades, como el reino de los muertos, que tiene dos
compartimentos.
En Lucas 16, Jesús habló acerca de un hombre rico y un mendigo, llamado Lázaro.
Después de describir sus muertes, escucha lo que Jesús dijo que les sucedió: “y murió
también el rico y fue sepultado. En el Hades [la traducción del griego en el Antiguo
Testamento de la palabra Seol] alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio a Abraham a
lo lejos, y a Lázaro en su seno. Y gritando, dijo: “Padre Abraham, ten misericordia de
mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua,
pues estoy en agonía en esta llama.” Pero Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que durante
tu vida recibiste tus bienes, y Lázaro, igualmente, males; pero ahora él es consolado
aquí, y tú estás en agonía. Y además de todo esto, hay un gran abismo puesto entre
nosotros y vosotros, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros no puedan,
y tampoco nadie pueda cruzar de allá a nosotros.”

A partir de la historia de Jesús, podemos responder a la pregunta: “¿Cuánto tiempo
se tarda, después de la muerte, para determinar si estás en el cielo o en el
infierno?” La respuesta de Jesús es: “El hombre rico cerró los ojos en esta vida y los
volvió a abrir en la siguiente” ¡Fue inmediata! Como un incrédulo en el Hades, el
hombre rico era plenamente consciente. Tenía un cuerpo espiritual que podía hablar,
podía sentir, podía experimentar dolor, podía recordar lo acontecido en su vida.
También vemos que su destino eterno estaba irrevocablemente fijo. Abraham le dijo:
“hay un gran abismo puesto entre nosotros y vosotros, de modo que los que quieran
pasar de aquí a vosotros no puedan, y tampoco nadie pueda cruzar de allá a nosotros.”
Esto significa que una vez que pasas a través de la puerta de la muerte, tu destino final
está fijo para siempre. No serás capaz de cambiarlo.

¿Qué pasó con el creyente Lázaro? Jesús dijo que Lázaro fue escoltado por los
ángeles a esa región del mundo subterráneo, el Seol o Hades, que se llama aquí el
seno de Abraham. Él estaba siendo consolado y feliz. Es interesante que en el Nuevo
Testamento después de la muerte y resurrección de Cristo y Su ascensión, a los
creyentes ya no se dice que van al Hades donde estaban los muertos que había sido
justificados. No, los creyentes ahora se dice que van directamente al cielo. En otras
palabras, las dos regiones del Hades ya no existen lado a lado. El Seno de Abraham
está en el cielo hoy en día. Pero el Hades por los muertos sin Cristo, los injustos,
todavía existe. La Biblia dice que algún día el Hades y los que residen en él, de
acuerdo a Apocalipsis 20:14, serán arrojados al infierno eterno. La Biblia describe al
juicio del mundo de Dios con estas palabras terroríficas: “Y el mar entregó los muertos
que estaban en él, y la Muerte y el Hades entregaron a los muertos que estaban en
ellos; y fueron juzgados, cada uno según sus obras. Y la Muerte y el Hades fueron
arrojados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda el lago de fuego. Y el que no se
encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:
13-15).

La Biblia no enseña que hay un purgatorio. La Biblia no dice nada acerca de un lugar
temporal de castigo y de limpieza que las personas sufren y luego van al cielo después
de 1000 o 10.000 años de sufrimiento. No, la Biblia dice que el Hades será arrojado al
infierno algún día, pero que la única diferencia para las personas que están en el
Hades será su ubicación. No habrá ninguna diferencia en el castigo. Las personas
incrédulas que mueren no escaparán a ninguno de los sufrimientos y la agonía eterna
que serán parte del infierno.
El apóstol Pedro nos dice claramente: “El Señor sabe cómo… reservar a los injustos
para el día del juicio, mientras continúa su castigo” (2 Pedro 2:9).
Algunos preguntan: “¿Qué pasa con mi cuerpo? ¿Qué pasa con mi espíritu cuando
muera?” Santiago dice, “el cuerpo sin espíritu está muerto”. Es decir, el cuerpo lo llevan
bajo tierra y si eres un cristiano, tu espíritu va a estar con el Señor. “Ausente del cuerpo
es estar [inmediatamente] presente con el Señor.”

Pero, por otro lado, si eres un incrédulo, si no has puesto tu fe en Jesucristo y lo que Él
hizo por ti en la cruz, tu cuerpo va bajo la tierra y tu espíritu va al Hades donde no hay
esperanza, sólo agonía y desesperación.
La Biblia también enseña que en el regreso de Cristo, los que han creído en Él, sus
espíritus serán reunidos con sus cuerpos. Pues Dios resucitará a sus viejos cuerpos y
los hará nuevos. 1 Tesalonicenses 4:14ff. dice: “Creemos que también traerá Dios con
Jesús a los que durmieron en él (es decir, los que murieron creyendo en Cristo); y los
muertos en Cristo resucitarán primero. Después de eso, nosotros que todavía estamos
vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes
para recibir al Señor en el aire.”

Es por eso que Jesús dijo en Juan 6:40, “Porque esta es la voluntad de mi Padre:
que todo aquel que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna, y yo mismo lo
resucitaré en el día final.

Por otro lado, aquellos que han rechazado a Cristo, sus cuerpos serán enterrados, pero
al morir sus espíritus entrarán inmediatamente al Hades.
Daniel en el Antiguo Testamento se refiere a la resurrección, cuando los cuerpos de
ambos creyentes e incrédulos se reunirán con sus espíritus: “Y muchos de los que
duermen en el polvo de la tierra (en referencia a nuestros cuerpos) despertará; unos
para vida eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua”.
Jesús enseñó en Mateo 25 que cuando los espíritus de los malvados se reúnan un día
con sus cuerpos, seguidamente, sus vidas serán juzgadas. Después de un juicio justo,
Jesús, el Juez eterno, dirá a los que se encuentran ser malignos, “Apartaos de mí,
malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles… Estos
irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.

Si eres un incrédulo, debes temer a la muerte por lo que vas a experimentar
inmediatamente después de morir. ¿Cómo puede alguien dejar de temer la muerte?
Sólo es posible si creemos en el Señor Jesús.
El libro de Hebreos, capítulo 2, versículo 15 dice: “Jesús vino para librarnos de
aquellos que por temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda su
vida.” Intuitivamente tememos a la muerte, porque no sabemos lo que hay después de
la muerte. Tememos a la muerte, porque si hay un Dios, no queremos encontrarnos
con Él. Tememos porque no vamos a ser capaces de cumplir sus demandas, si eso es
lo que temes, la Biblia está de acuerdo contigo. Nadie puede cumplir las demandas de
Dios. Todos somos pecadores, es por eso que Dios, que nos ama “envió a su Hijo al
mundo, no para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo a través de Él.”

La Biblia dice que Dios nos quiere dar un regalo. “El don de Dios es vida eterna en
Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).
En otras palabras, Dios quiere que tengas vida eterna. Él quiere que tus pecados sean
perdonados. Es por eso que Él envió a Cristo, y una vez que ponemos nuestra fe en
Jesucristo, Dios nos da el regalo de la vida eterna. Los escritores bíblicos describen
nuestra proximidad a la muerte y nuestra esperanza del cielo como un barco,
navegando en aguas desconocidas. Para mantenernos fijos en posición, necesitamos
un buen anclaje. Nota lo que la Biblia dice: “los que hemos buscado refugio seamos
grandemente animados para asirnos de la esperanza (en Cristo) puesta delante de
nosotros, la cual tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme, y que
penetra hasta detrás del velo donde Jesús entró por nosotros como precursor”
(Hebreos. 6:18-20). La Escritura describe nuestra esperanza como ancla, descansando
en las manos de Jesús. Nuestra ancla se extiende desde Jesús hasta donde estamos,
y Jesús no se mueve. Al igual que un ancla que sostiene un buque con seguridad en su
posición, nuestra esperanza en Cristo garantiza nuestra seguridad. Mientras que el
ancla del barco se hunde al fondo del océano, el ancla del cristiano sube al santuario
verdadero y celestial donde Jesús está aferrado a Dios mismo. Así pues, estamos a
salvo y seguros en Cristo.

Otra pregunta las personas hacen es, ¿Qué pasa con el dolor y la tristeza? Si has
perdido a tu esposa, tu esposo, un hijo, ¿cómo manejar su pérdida? Hay que saber que
es bueno y normal que los cristianos tengan duelo. Está bien derramar lágrimas, es
normal extrañar a nuestros seres queridos. Sin embargo, “no os entristezcáis como los
que no tienen esperanza.”
El apóstol Pablo dice: “Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que
duermen (es decir, los que mueren creyendo en Cristo), para que no os entristezcáis
como lo hacen los demás que no tienen esperanza.”(1 Tesalonicenses 4:13). Pablo
esperaba que los cristianos lloraran por la pérdida de sus seres queridos, pero les
recuerda que los volverán a ver.

Cuando David se enteró de que su hijo Absalón lo mataron, la Biblia registra, “Y el rey
se conmovió profundamente, y subió al aposento que había encima de la puerta y lloró.
Y decía así mientras caminaba: ¡Hijo mío Absalón; hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién
me diera haber muerto yo en tu lugar! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!” (2 Samuel 18:33).

Cuando Lázaro murió, María y Marta entristecieron, cuando Jesús vino, Él preguntó:
“¿Dónde lo habéis puesto?” (Refiriéndose a Lázaro). “Le dijeron: Señor, ven y ve,” Y
cuando Jesús llegó, la Biblia registra el versículo más corto de la Biblia: “Jesús lloró.”
Los que estaban reunidos alrededor decían: “Mirad, cómo lo amaba.” (Juan 11:35-36).
Cuando la muerte nos separa de alguien que amamos, muchas veces nos sentimos
como si nadie pudiera sufrir más que nosotros. Pero el dolor es universal.
La Biblia dice que Jesús mismo lo experimentó. Incluso Dios Padre vio a su Hijo morir
una muerte agonizante en la cruz. Podemos traer nuestras penas y dolor a Dios,
sabiendo que Él entiende y se compadece.

La Escritura dice: “Porque convenía que aquel para quien son todas las cosas y por
quien son todas las cosas, llevando muchos hijos a la gloria, hiciera perfecto por medio
de los padecimientos al autor de la salvación (es decir, Jesús) de ellos… Así que, por
cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo
mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la
muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a
esclavitud durante toda la vida.”(Hebreos 2:10-15).
La Biblia continúa: “Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo,
a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a
Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo. Pues por cuanto Él
mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son
tentados.” (Hebreos 2:17-18). Es decir, como Jesús experimentó la muerte, el
sufrimiento y la tentación, podemos llevar nuestras penas a Él. Él es misericordioso y
fiel, Él entiende el dolor de lo que has pasado.

Si estás sufriendo en este momento, quiero que sepas que estas promesas de Dios me
han ayudado mucho. Pienso en ellas y permite que te de una más.
Dios nos dice que debemos recordar, que si nuestro ser querido muere creyendo en
Cristo, él o ella está más vivo ahora que antes. Pienso en mi papá, mi tía o el hijo de mi
primo de 13 años, si yo supiera que se habían ido en un avión y volado hasta las
Bahamas, y supiera que ahora estaban sentados en la playa y nadando en un mar
hermoso y cálido. Los iba a extrañar, pero no me sentiría tan mal. Sabría que estaban
pasando un buen momento. Sólo esperaría poder unirme a ellos. Bueno, si tu ser
querido ha muerto creyendo en Cristo, están en un lugar mejor que las Bahamas. Ellos
están en el Cielo, en la casa del Padre, donde hay muchas moradas.

Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; y yo les doy vida
eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano.” (Juan 10:27-28).
Cuando el apóstol Pablo trató de hablarnos acerca del Cielo, se quedó sin palabras
tratando de describirlo. Él dijo: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al
corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman.” (1
Corintios 2:9). Gracias a Cristo, podemos ser libres del temor a la muerte, podemos
saber a ciencia cierta que el Cielo es nuestro destino final. Si tu ser querido está con
Cristo, tienes la esperanza de que vas a estar con él o ella, los verás de nuevo. Él está
con Cristo ahora mismo.
Si no conoces al Señor como tu Salvador personal y tu ser querido muere, nunca vas a
verlo de nuevo. Tenemos que estar preparados para la muerte. Todos sabemos que
vamos a morir, pero no sabemos cuándo. La Biblia dice que Dios da a cada uno de
nosotros la oportunidad mientras vivimos para tomar decisiones que determinarán el
tipo de vida que tendremos en la eternidad. En concreto tenemos que decidir ahora si
vamos a creer en Jesucristo y recibir el regalo de la salvación, o elegir no creer y estar
separado de Dios en el cielo por toda la eternidad.

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